Sherlock Holmes supera a Winston Churchill. No es que sea
más conocido ni más interesan-te ni más ingenioso: es más real. Es decir,
Sherlock Holmes anduvo caminando por las calles de Londres con su pipa, su
gorro y el fiel Watson a su lado, mientras que el pobre de Churchill no es más
que la creación de algún ignoto escritor.
Eso es lo que piensa una buena parte de los jóvenes
británicos, según la encuesta de una ca-dena de televisión que se dio a conocer
en estos días. Los datos dicen que el 58 por ciento está seguro de que el
detective existió en la realidad, mientras que un 23 por ciento no tuvo dudas
en sostener que Churchill era un personaje de ficción
Más allá de
las inquietantes lagunas
que parecen tener
los estudiantes británicos
en lo que
respecta al dos veces primer ministro, lo interesante de este asunto es
lo vivo que sigue estando Holmes.
El hombre de
tan real existencia
tiene una casa
propia en el
221B de la
londinense Baker Street,
donde pueden verse
sus muebles y
efectos personales y
hasta fue nombrado
hace pocos años miembro honorario
de la Real Academia de Química de Gran Bretaña, en un día en que sus integrantes
parecen haber estado en vena humorística. Y, además, medio planeta repite
aquello de “Elemental, mi querido Watson”. Es un detalle curioso que la frase
no aparece textualmente en ningún libro. Pero justamente, no se trata de
literatura sino de hechos: Sherlock Holmes es más real que muchos seres de
carne y hueso.
Recientemente, buscando información para un libro, leí una
buena cantidad de biografías de Arthur Conan Doyle y todo lo que encontré sobre
Holmes, empezando por las cuatro novelas y cinco volúmenes de cuentos que
protagoniza. Pensados hoy (después de la cantidad de historias policiales que
uno ha consumido a lo largo de la vida), sus casos tienen un cierto olor a
rancio y varias de las resoluciones resultan algo ingenuas. Lo interesante es
todo lo demás: el personaje creado y lo que se erigió en torno de él. Las miles
de copias, las decenas de aso-ciaciones dedicadas al puntilloso estudio (e
incluso recreación) de sus casos, las películas, las frases. Los modelos: el
prototipo del detective y el prototipo de su ayudante.
Hubo, sin embargo, un Holmes verdadero, es decir una persona
real que le sirvió de inspira-ción al autor: el médico Joseph Bell, capaz de
extraer asombrosas conclusiones de la simple observación de sus pacientes. El
propio Conan Doyle lo reconoció en una carta dirigida a Bell, su profesor
en la universidad,
expuesta no hace
mucho en un
museo.
“Es sin
duda a usted
a quien debo Sherlock Holmes –escribió– y no creo que su capacidad
analítica exagere en absoluto algunos efectos que le he visto producir a usted
en la clínica de pacientes externos” (de
paso, Bell también
es la inspiración
del televisivo y
holmesiano Dr. House,
no en vano
llamado Joseph House).Doyle hizo durante un tiempo de ayudante de Bell
en el consultorio, es decir que fue el Watson que se maravillaba ante las
impactantes conclusiones de su maestro. Pero Sir Conan Doyle no estaba para
segundón y así como amó y odió a su detective (tanto que lo mató cuando ya no
lo soportaba y
lo resucitó ante
el clamor de
los lectores y
la apabullante cantidad
de dólares que le ofrecían sus
editores norteamericanos por las nuevas historias), se empeñó en demostrar que
podía ser tan sagaz en la vida real como su creación era en los papeles.
Ya en esa
época, los lectores
se entregaban alegremente
a la confusión
entre el autor
y el personaje y solían enviar cartas solicitando
que Sherlock Holmes o Conan Doyle, o ambos, se interesaran en un determinado
caso real. Finalmente, el autor encontró uno que le pareció digno de su
interés: la injusta acusación contra el abogado George Edalji por una
misteriosa matanza de animales, una historia recreada por Julian Barnes en la
admirable novela Arthur & George.
Su investigación fue exitosa y le rindieron los honores del
caso. Luego emprendió otras, donde
tampoco le fue
mal. Eso no
evitó, por supuesto,
que siguiera estando
para siempre a
la sombra de Sherlock Holmes. Y
aunque su nombre no se incluyó en la reciente encuesta, si los mismos jóvenes
británicos fueran consultados probablemente dirían que Conan Doyle es un
personaje tan ficticio como Churchill. Quizás una creación del detective Holmes
cuando sus casos le dejaban tiempo libre.
Es posible imaginar aquí una encuesta similar que dentro de
cien años muestre que Martín Fierro era un muchacho algo violento que vivía en
la Pampa y Mafalda una chica muy aguda del barrio de San Telmo. Y quizás
algunos personajes de la historia reciente demasiado sinies-tros para
ser reales se
conviertan en ficción:
el producto salido
de la mente
de un escritor
retorcido en un día verdaderamente negro.
Y Sherlock Holmes seguirá vivo.
*¿qué datos y
explicaciones da la
autora para apoyar su idea de que Sherlock Holmes está
más vivo en la mente de los lectores que el mismo autor, Conan Doyle? Justificá
tu respuesta.







