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viernes, 31 de mayo de 2019

SHERLOCK VIVE- ANDREA FERRARI


Sherlock Holmes supera a Winston Churchill. No es que sea más conocido ni más interesan-te ni más ingenioso: es más real. Es decir, Sherlock Holmes anduvo caminando por las calles de Londres con su pipa, su gorro y el fiel Watson a su lado, mientras que el pobre de Churchill no es más que la creación de algún ignoto escritor.
Eso es lo que piensa una buena parte de los jóvenes británicos, según la encuesta de una ca-dena de televisión que se dio a conocer en estos días. Los datos dicen que el 58 por ciento está seguro de que el detective existió en la realidad, mientras que un 23 por ciento no tuvo dudas en sostener que Churchill era un personaje de ficción
Más  allá  de  las  inquietantes  lagunas  que  parecen  tener  los  estudiantes  británicos  en  lo  que  respecta al dos veces primer ministro, lo interesante de este asunto es lo vivo que sigue estando Holmes.
El  hombre  de  tan  real  existencia  tiene  una  casa  propia  en  el  221B  de  la  londinense  Baker  Street,  donde  pueden  verse  sus  muebles  y  efectos  personales  y  hasta  fue  nombrado  hace  pocos años miembro honorario de la Real Academia de Química de Gran Bretaña, en un día en que sus integrantes parecen haber estado en vena humorística. Y, además, medio planeta repite aquello de “Elemental, mi querido Watson”. Es un detalle curioso que la frase no aparece textualmente en ningún libro. Pero justamente, no se trata de literatura sino de hechos: Sherlock Holmes es más real que muchos seres de carne y hueso.
Recientemente, buscando información para un libro, leí una buena cantidad de biografías de Arthur Conan Doyle y todo lo que encontré sobre Holmes, empezando por las cuatro novelas y cinco volúmenes de cuentos que protagoniza. Pensados hoy (después de la cantidad de historias policiales que uno ha consumido a lo largo de la vida), sus casos tienen un cierto olor a rancio y varias de las resoluciones resultan algo ingenuas. Lo interesante es todo lo demás: el personaje creado y lo que se erigió en torno de él. Las miles de copias, las decenas de aso-ciaciones dedicadas al puntilloso estudio (e incluso recreación) de sus casos, las películas, las frases. Los modelos: el prototipo del detective y el prototipo de su ayudante.
Hubo, sin embargo, un Holmes verdadero, es decir una persona real que le sirvió de inspira-ción al autor: el médico Joseph Bell, capaz de extraer asombrosas conclusiones de la simple observación de sus pacientes. El propio Conan Doyle lo reconoció en una carta dirigida a Bell, su  profesor  en  la  universidad,  expuesta  no  hace  mucho  en  un  museo.
 “Es  sin  duda  a  usted  a quien debo Sherlock Holmes –escribió– y no creo que su capacidad analítica exagere en absoluto algunos efectos que le he visto producir a usted en la clínica de pacientes externos” (de  paso,  Bell  también  es  la  inspiración  del  televisivo  y  holmesiano  Dr.  House,  no  en  vano  llamado Joseph House).Doyle hizo durante un tiempo de ayudante de Bell en el consultorio, es decir que fue el Watson que se maravillaba ante las impactantes conclusiones de su maestro. Pero Sir Conan Doyle no estaba para segundón y así como amó y odió a su detective (tanto que lo mató cuando ya  no  lo  soportaba  y  lo  resucitó  ante  el  clamor  de  los  lectores  y  la  apabullante  cantidad  de  dólares que le ofrecían sus editores norteamericanos por las nuevas historias), se empeñó en demostrar que podía ser tan sagaz en la vida real como su creación era en los papeles.
Ya  en  esa  época,  los  lectores  se  entregaban  alegremente  a  la  confusión  entre  el  autor  y  el  personaje y solían enviar cartas solicitando que Sherlock Holmes o Conan Doyle, o ambos, se interesaran en un determinado caso real. Finalmente, el autor encontró uno que le pareció digno de su interés: la injusta acusación contra el abogado George Edalji por una misteriosa matanza de animales, una historia recreada por Julian Barnes en la admirable novela Arthur & George.
Su investigación fue exitosa y le rindieron los honores del caso. Luego emprendió otras, donde  tampoco  le  fue  mal.  Eso  no  evitó,  por  supuesto,  que  siguiera  estando  para  siempre  a  la  sombra de Sherlock Holmes. Y aunque su nombre no se incluyó en la reciente encuesta, si los mismos jóvenes británicos fueran consultados probablemente dirían que Conan Doyle es un personaje tan ficticio como Churchill. Quizás una creación del detective Holmes cuando sus casos le dejaban tiempo libre.
Es posible imaginar aquí una encuesta similar que dentro de cien años muestre que Martín Fierro era un muchacho algo violento que vivía en la Pampa y Mafalda una chica muy aguda del barrio de San Telmo. Y quizás algunos personajes de la historia reciente demasiado sinies-tros  para  ser  reales  se  conviertan  en  ficción:  el  producto  salido  de  la  mente  de  un  escritor  retorcido en un día verdaderamente negro.
Y Sherlock Holmes seguirá vivo.

*¿qué  datos  y  explicaciones  da  la  autora  para  apoyar su idea de que Sherlock Holmes está más vivo en la mente de los lectores que el mismo autor, Conan Doyle? Justificá tu respuesta.

martes, 21 de mayo de 2019

El camino de Sherlock


¿Quién es Sherlock Holmes?
 ¿Qué sabés sobre Sherlock Holmes? Comentá qué sabés sobre Sherlock Holmes, si leíste alguna historia o conocés quién fue su autor.
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b. Luego, leé esta breve nota sobre el personaje y sobre el autor de Sherlock Holmes para saber en qué se basó este para crearlo.
El autor y su personaje
Arthur Conan Doyle, que era médico, creó el personaje de Sherlock Holmes inspirándose en el doctor Joseph Bell, quien había sido su profesor en Edimburgo. El creador del famoso de-tective estaba impresionado por la excepcional habilidad de Bell para hacer diagnósticos, no solo de las enfermedades sino también de las ocupaciones y el carácter del paciente. Como el escritor había sido asistente de Bell durante un tiempo, había tenido muchas oportunidades de presenciar situaciones en las cuales el profesor, con una simple ojeada, lograba saber mu-cho del paciente –a veces llegaba a saber más de lo que Doyle, en cumplimiento de sus fun-ciones de asistente, había logrado averiguar al interrogar al enfermo–. Bell obtenía estos re-sultados gracias a su aguda capacidad de observación, a la atención que prestaba a los detalles y a las inferencias que era capaz de hacer a partir de ellos. Cuando se refiere a su profesor, y después de relatar varias anécdotas que mostraban sus cualidades, Conan Doyle señala: “No es extraño que tras el estudio de tal carácter yo usara y amplificara sus métodos cuando, más tarde, quise crear un detective científico que resolviera los casos por sus propios métodos”.
Sir Arthur Conan Doyle. Las memorias de Sherlock Holmes. Madrid, Anaya, 1988 (traducción, María Engracia Pujals; apéndice, Juan José Millás). La versión original en inglés data de 1924 y tiene como título Memories and Adventures.Actividades

Cuadernillo de Lengua y Literatura 1° año

Lengua y literatura- Sherlock vive