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martes, 14 de marzo de 2023

2- TRAS LA PISTA DEL DETECTIVE

 

En esta parte, te proponemos seguir leyendo el mismo texto de Arthur Conan Doyle para continuar conociendo a su personaje más famoso: Sherlock Holmes.
Luego de que Stamford los presenta, Sherlock y Watson visitan un departamento en la calle Baker y deciden alquilarlo. Así, estos dos desconocidos se van a vivir juntos. Watson tiene muy poca información sobre Holmes: cuenta con los datos que Stamford compartió con él y con otros pocos que el mismo Holmes le reveló: que fuma, que suele hacer experimentos químicos, que a veces se queda en silencio por un tiempo prolongado y que toca el violín.

Leé el siguiente texto, que es un fragmento del segundo capítulo de Un estudio en escarlata. En él, Watson reflexiona sobre su nuevo compañero luego de unas semanas de convivencia.

 

Desde luego no era difícil convivir con Holmes. Resultó un hombre de maneras apacibles y de costumbres regulares. Era raro que se acostase después de las diez de la noche, y para cuando yo me levantaba por la mañana, él ya había desayunado y se había marchado a la calle. En ocasiones pasaba el día en el laboratorio de química; otras veces, en las salas de disección, y de cuando en cuando, en largas caminatas que lo llevaban, por lo visto, a los barrios más bajos de la ciudad. Cuando caía en los accesos de trabajo, no había nada capaz de sobrepasarlo en energía; pero de tiempo en tiempo se apoderaba de él una reacción y se pasaba los días enteros tumbado en el sofá del cuarto de estar, apenas pronunciando una palabra o moviendo un músculo desde la mañana hasta la noche.

Durante tales momentos yo advertía en sus ojos una mirada tan perdida e inexpresiva que, si no fuera por la templanza y la decencia de su vida, quizás habría sospechado que mi compañero era un consumidor habitual de algún estupefaciente.

Mi interés por él y mi curiosidad por conocer cuáles eran las finalidades en su vida fueron haciéndose mayores y más profundos a medida que transcurrían las semanas. Hasta su persona misma y su apariencia eran como para llamar la atención de cualquiera. Su estatura sobrepasaba el metro ochenta, era tan extraordinariamente flaco que producía la impresión de ser aún más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante, fuera de los intervalos de sopor a que me he referido; y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y de resolución. También su barbilla delataba al hombre de voluntad, por lo prominente y cuadrada. Aunque sus manos tenían siempre manchas de tinta y de productos químicos, estaban dotadas de una delicadeza de tacto extraordinaria, según pude observar con frecuencia, viéndolo manipular sus frágiles instrumentos de física. (...)
No era Medicina lo que estudiaba. Sobre ese tema y contestando a una pregunta, él mismo había confirmado la opinión de Stamford. Tampoco parecía haber seguido en sus lecturas ninguna norma que pudiera calificarlo para graduarse en una ciencia determinada o para entrar por uno de los portales que dan acceso al mundo de la sabiduría.
Pero con todo eso, era extraordinario su afán por ciertas materias de estudio, y sus conocimientos, dentro de límites excéntricos, eran tan amplios y detallados, que las observaciones que él hacía me asombraban.
Pero nadie trabajaría tan empeñosamente ni se procuraría datos tan exactos a menos de proponerse una finalidad bien concreta. Las personas que leen de una manera inconexa rara vez se distinguen por la exactitud de sus conocimientos. Nadie carga su cerebro con pequeñeces si no tiene alguna razón fundada para hacerlo.
Tan notable era lo que sabía como lo que ignoraba. Sus conocimientos de literatura contemporánea, de filosofía y de política parecían ser casi nulos. (...) Sin embargo, mi sorpresa alcanzó el punto culminante al descubrir de manera casual que desconocía la teoría de Copérnico y la composición del sistema solar. Me resultó tan extraordinario que en nuestro siglo XIX hubiese una persona civilizada que ignorase que la Tierra gira alrededor del Sol, que me costó trabajo aceptarlo.


Conan Doyle, Arthur (2015). Un estudio en escarlata.
Traducción: Alicia Dellepiane Rawson. Buenos Aires: Claridad

Después de leer, resolvé las siguientes actividades.


1. A medida que avanzan las semanas de convivencia, la curiosidad de Watson crece. ¿Qué le interesa averiguar sobre Holmes?
2. A lo largo de este fragmento, Watson habla de diversos aspectos de la vida de Holmes.
Marcá el párrafo en el que describe físicamente a Sherlock. Luego, marcá con otro color el párrafo en que da información acerca de sus costumbres.
En los párrafos que marcaste, Watson utiliza palabras o frases que muestran su opinión sobre Holmes. Por ejemplo, “maneras apacibles”, o “decencia de su vida”. ¿Qué otras encontrás? Transcribilas. ¿Te parece que Watson se lleva una buena primera impresión de su nuevo compañero?
3. Watson se muestra asombrado por los conocimientos de Holmes, quien parece saber sobre muchos temas y con un gran nivel de detalle. El doctor se pregunta para qué usa su compañero esa información, y reflexiona: “Nadie carga su cerebro con pequeñeces si no tiene alguna razón fundada para hacerlo”. ¿Por qué te parece que Watson hace esta observación? ¿Te imaginás para qué Sherlock sabe con tanto detalle sobre diferentes temas?
4. También llama la atención de Watson aquello que Sherlock desconoce. Subrayá en el texto las cosas que Holmes no sabe. ¿Cuál es la que más sorprende a Watson? ¿Por qué?

Nosotros/as, a diferencia de Watson, sabemos cuál es la profesión de Holmes. ¿Por qué no le interesan estos temas a un detective?
5. Releé los dos fragmentos de Un estudio en escarlata Te proponemos volcar en el siguiente cuadro la información sobre Holmes que fuiste recogiendo a partir de las actividades.

 

COSTUMBRES

ASPECTO FÍSICO

CONOCIMIENTOS

 

 

 

 

 

 

 

 

  RECUPERADO DE: G.C.A.B.A. | Ministerio de Educación | Dirección General de Planeamiento Educativo | GOC | GOLE

Estudiar y aprender. 1° año.

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